Una buena historia vale más que mil imágenes

Mucho hemos leído acerca de lo terapéutico de viajar, sobre todo cuando necesitas hacerlo para desconectar de las pesadas rutinas y de los problemas que a todos nos persiguen. En cambio, puedes gastarte una fortuna en irte lejos, escoger el mejor hotel que haya y buscar miles de distracciones. Si no pones actitud y no sigues ciertas normas, todo de lo que huyes viajará contigo.

Obsesión por generar recuerdos

Viajamos para vivir el presente, para generar momentos existenciales y para sentir cosas autenticas. Pero es imposible tener instantes “reales” cuando los estropeamos con la ansiedad de inmortalizarlo todo. Cientos, a lo mejor miles de fotos y grabaciones innecesarias que, sin darnos cuenta nos están impidiendo sentir hacia dentro. Nos invade una superficialidad que nos obliga a salir fotogénicos si o sí y tener grabada la mejor puesta del sol del mundo. Pero se nos pasa por alto disfrutarlo, interiorizarlo, hacerlo nuestro para siempre.

El móvil, nuestro peor enemigo

Antes, cuando no teníamos móviles, llegabas a cualquier destino y utilizabas la cabina el primer día, y de repente se producía la verdadera magia de viajar. Tu y el mundo, la mirada atenta y tus asuntos aparcados; Eso era desconectar de verdad. Estamos atrapados, adictos a la curiosidad, la tentación y la necesidad que se nos ha impuesto de seguir conectados todo el tiempo, cuando a veces lo que necesitamos es todo lo opuesto.

Cuando parecer es más importante que ser

Cuando vamos de viaje nos interesa demasiado aparentar en las redes sociales, tanto que no lo hacemos real. Comentar en Facebook cada cosa que hacemos, hasta las más insignificante ¿qué beneficio produce? Probablemente satures a tus contactos, y termines más preocupado por aparentar, que por sentir, por aprender o por divertirte realmente. Queremos que parezca tan especial, que se nos olvida que eso mismo está impidiendo que lo sea.

Según un prestigioso análisis de la universidad de Suecia “ la red social es tan adictiva como las apuestas, con más efectos negativos que positivos en términos de mantenerse en contacto con amigos y familiares.”

Definitivamente una mala herramienta para tu viaje.

El estrés de querer verlo todo

Convertir el viaje en una agotadora y frenética carrera por ver demasiadas cosas puede ser muy perjudicial para nosotros y los que viajan con nosotros. Impregnarse del ambiente, estar relajados, disfrutar con calma y dedicarle a cada sitio un tiempo prudencial con toda seguridad hará que las sensaciones sean mejores. Depende del destino que visitemos y del tiempo que le dediquemos, profundizando más o menos, pero es mejor quedarte con ganas de volver, que más estresado que cuando salimos de casa.

Cada persona viaja por un motivo diferente y aquí el que escribe es el primero en pecar en todo lo expuesto anteriormente. Pero existe un equilibrio perfecto para poder llevarnos a casa una buena foto, llamar a alguien especial, cambiar la foto de perfil y tener un buen ritmo de viaje. De manera que nada de eso te afecte para que nuestro viaje sea mejor.

Te recomiendo que viajes cuando estés bien y cuando estés mal, pero que viajes con el alma, con la esencia romántica de perderse, volver renovado y almacenar historias. Historias que contar.

Al fin y al cabo, una buena historia vale más que mil imágenes.

Leave a Reply

×

Hello!

Click one of our representatives below to chat on WhatsApp or send us an email to info@viajessantamonica.com

× Escríbenos un WhatsApp