Hasta que nos duelan los pies

Diecisiete mil kilómetros a las espaldas, más de 5 países recorridos, tres aviones y un te quiero en cualquier aeropuerto de este mundo. Hemos llegado a nuestro destino y sí, me apeteces tú.

No te esperaba despierta pero me has recibido con las luces encendidas, con una canción que resuena en el más profundo corazón de tu urbe.

Y ahora me gritas a los cuatro vientos que te recorra, que disfrute de ti. Después de tanto tiempo sin verte, sigue donde estabas y yo estoy donde deseaba. He venido a verte y no me voy a ir hasta que no te vea sonreír. O al menos, hasta que no te vea iluminada, como en las mejores puestas de sol.

Hoy te doy la mano y juntos patearemos tus calles, tomaremos un helado en un perdido banco y bailaremos hasta que las calles se queden vacías de energía, pero llenas de pasión. Hasta que sol se esconda y las luces se vuelvan a encender. Hasta que nos duelan los pies.

Estoy aquí, querida Nueva York. Nunca me fui, tan solo te di tiempo para que me echaras de menos.

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